La marca

EL ARTE DE HACERLO BIEN.



Si pones en una coctelera un poco del fuerte carácter vasco, los paisajes sin límites del interior de Sao Paulo, el espíritu comercial de los catalanes, una buena pizca de creatividad mediterránea y como broche final el refinamiento y la cultura de Francia, el El resultado que obtendrá es Mariane Henrique.

Sus antepasados vascos emigraron a Brasil, donde nació Mariane, en Sao José Do Rio Preto. Esta ciudad ubicada en el centro del estado de Sao Paulo, se caracteriza por la priorización de la cultura y el medio ambiente, que fue el bagaje de infancia de Mariane Henrique, brasileña de nacimiento, catalana de adopción y francesa por matrimonio.

En 1982, Mariane emigró a Barcelona, justo antes de que se convirtiera en la ciudad de moda que es hoy, entonces en pleno auge. Allí descubrió el Mediterráneo, Menorca, Cadaqués... Y fue allí, que absorbida por el ambiente cultural que la rodeaba, comenzó a desarrollar su vena creativa.
Como buen carnero, le gusta ser pionera, lo que siempre ha sido, nada menos que hoy. Sus ideas son siempre originales y atrevidas. En diseño de interiores, ha realizado muebles extraordinarios para sus proyectos, que siempre son más locos y diversos que los demás. Habitaciones infantiles de hadas, muebles con alas... Y siempre con una perfecta y precisa combinación de colores. El éxito fue entonces inmediato.

Pero Mariane no es de las que se duermen en los laureles, es casual e innovadora. Cuando por motivos familiares se mudó a París, sintió la necesidad de involucrarse en la moda. ¿Cómo podría no hacerlo? En la capital europea de la moda, Mariane encontró la inspiración que buscaba y así fue como, poco a poco, nació su primera colección SaKoloKo.

Son bolsos diferentes, elaborados de forma artesanal en España y Portugal, con materiales europeos de primera calidad y con diseños especiales, porque uno de los objetivos de esta artista es hacer sentir única a cada mujer que viste sus modelos.

Una vez más, el éxito llama a su puerta. ¿Por qué es esto? La razón es muy sencilla, cuando un artista disfruta creando, la obra se convierte en placer, y es de ese mismo placer que fluye el arte.


"Espero que cada vez que una mujer use un SAKOLOKO, ella se sentirá única"